
Mucho se habla de que el trabajo repercute en la salud de los trabajadores, que genera sufrimiento y que impacta de forma negativa en su calidad de vida. No es mi intención negar esta realidad, claro que hay trabajos que hacen mucho para hacerle la vida más dura a las personas y sus familias. Muchas de las condiciones laborales, los contratos de trabajo y la manera que se organizan y realizan las tareas, no logra que el trabajdor se sienta seguro, protegido y satisfecho en su puesto laboral.
Pero el trabajo tiene una dimensión positiva en relación a la salud, que tiene que ver con la satisfacción que produce el poder enfrentar desafíos, movilizar nuestra inteligencia, crear nuevos objetos, formar parte de equipos de trabajo y ser reconocidos por lo realizado. Tiene que ver con la identidad y con la integración social y con la contribución personal a la cultura.